domingo, 29 de junio de 2014

TAI - Flexiones de Judo 波状の腕立て


 Las flexiones de Judo o Judo push up, son una variación de tipo de flexión clásica, que sirve para potenciar los músculos del hombro, del pecho y del tríceps de forma más intensa. Es un ejercicio poco convencional en otras disciplinas, pero que es posible verlo realizar en multitud de Dojos de Judo. A pesar de no ser un movimiento extremadamente complicado, no es recomendable para aquellos que no tengan una mínima base.
  
 Las flexiones de Judo guardan grandes similitudes con las convencionales en cuanto el amplio elenco de zonas musculares trabajadas del tren superior. Los hombros, tríceps y pectorales llevarán el protagonismo de tan interesante ejercicio.
     Para realizar correctamente las flexiones de Judo, deberemos empezar con una posición estándar de flexión, pudiendo variar la apertura de las piernas a nuestro gusto. Moveremos los pies hacia adelante y levantaremos las caderas hacia arriba para que su cuerpo forme un revés en forma de V.
     
     A continuación, manteniendo las caderas elevadas bajaremos el torso hacia abajo hasta que la barbilla casi toque el suelo. Posteriormente, bajaremos las caderas hacia abajo hasta casi tocar el suelo, mientras que al mismo tiempo que empujamos la cabeza y hombros hacia el techo. Deberemos terminar con la cabeza mirando hacia el frente, la espalda y los brazos rectos y las caderas al lado de la planta. Es necesario que a lo largo de todo el ejercicio tengamos presente la importancia de una buena respiración que consistirá en inspirar al retroceder y expulsar todo el aire al bajar y llevar a cabo la flexión propiamente dicha.



    lunes, 2 de junio de 2014

    SHIN - Judo y aroma de Café

      Un estudiante de Judo se quejaba ante su maestro acerca de su vida y como las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencido. Estaba cansado de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

      Su maestro de Judo, que también era un gran cocinero, lo llevó a su cocina. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Pronto el agua de las tres ollas empezó a hervir.


      En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. El estudiante esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su maestro. A los veinte minutos el Maestro apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su estudiante  le dijo: ¿qué ves?"


     “Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta. Lo hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, él lo hizo y notó que estaban blandas. ¿Qué significa esto, maestro? Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Luego le pidió que probara el café. El sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente el chico preguntó.


     El maestro le explicó que los tres elementos se habían enfrentado a la misma adversidad: el agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.


     La zanahoria llegó al agua fuerte, dura y arrogante; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.


     El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.


     Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.


     ¿Cual eres tu hijo? - Le dijo. - Cuando la adversidad llama a tu puerta; ¿cómo respondes? ¿Eres como la zanahoria que parece fuerte, pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres como el huevo, que comienza con un corazón blando y un espíritu flexible, pero que después de una muerte, una separación, un despido, una piedra en el camino se vuelve duro y rígido? Por fuera pareces igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?


     ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, reaccionas de forma positiva, sin dejarte vencer y haces que las cosas a tu alrededor mejoren, que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumine tu camino y el de la gente que te rodea.


    "Por eso no dejes jamás de esparcir con tu fuerza y actitud el dulce aroma del café”.


    jueves, 22 de mayo de 2014

    GI - Ura-nage (裏投): proyección inversa

      Ura nage (裏投) es una de las 40 técnicas originales desarrolladas por Jigoro Kano. Pertenece al quinto grupo del Gokyo no waza, y está clasificada como técnica de sacrificio o Ma-sutemi.

     Cuando el adversario ataca y tiene el centro de gravedad muy alto, podemos aplicar esta técnica, bajando la cadera, abrazando su cintura con una mano, colocando la otra en el abdomen y echando nuestro cuerpo al suelo y hacia  atrás para proyectarle por encima del hombro, impulsándolo con la cadera y con la acción de muelle de las piernas.

     En competiciones ocurre muchas veces que al intentar esta técnica no logramos alzar suficientemente al adversario, por lo que es muy difícil conseguir Masutemi-waza. Sin embargo, nos puede resultar más fácil, en estos casos, aplicar la misma técnica, pero con la razón de Yokosutemi-waza.

     También ocurre muchas veces que, al aplicar esta técnica, el adversario se defiende agachándose y bajando su centro de gravedad; podemos aprovechar entonces esta postura para aplicar Yokoguruma. de esta forma se explica el último grupo en Nage-no-kata.

    PUNTOS IMPORTANTES

    · Tori, al abrazar la cintura de Uke, debe avanzar un paso.

    · En el momento de levantar a Uke, debe haber un buen contacto entre el pecho de Tori y la cadera de Uke.

    · En el momento de impulsar hacia arriba a Uke, Tori debe tener apoyado su peso en las puntas de los pies.

    · También, en el momento del impulso, las piernas deberán estar un poco cerradas, acercándose las rodillas para no perder el equilibrio.

     
       

    sábado, 10 de mayo de 2014

    TAI - Entrenamiento: los lastres

      Actualmente existen multitud de aparatos de musculación de lo más complejos. Aunque, algunas veces, lo más sencillo resulta ser lo más eficaz. En el caso del entrenamiento de Judo, unos simples lastres pueden ayudarnos a ser más fuertes, resistentes y rápidos que las máquinas más sofisticadas.

      Los lastres de entrenamiento suelen ser muñequeras o tobilleras rellenos de algún material como arena o láminas de metal. Si se tiene intención de aumentar la intensidad en los ejercicios de brazos y piernas, usar lastres puede ser de utilidad. Los lastres nos dan un peso extra en el extremo distal de las extremidades, aumentando la fuerza que tenemos que hacer para mover las articulaciones implicadas.

      Tienen la ventaja de permitir muscular el cuerpo de la forma más adaptada posible a las necesidades del Judo. A diferencia de las pesas, o de otros métodos de musculación, los lastres permiten ejercitar y desarrollar los músculos ejecutando los mismos movimientos de Judo. Se logra así un fortalecimiento óptimo para nuestra disciplina. Y todo ello sin perder un ápice de velocidad sino aumentándola.

      Hace algunos años se solía ver a la gente con tobilleras o muñequeras lastradas para ir a correr, incluso con pequeñas pesas en la mano. Actualmente se ha demostrado que esto no es muy aconsejable, ya que aunque parezca poco peso se está creando un sobrecarga innecesaria en las articulaciones.

      Este tipo de entrenamiento se realiza sobre todo al pensar que tonificaremos más los músculos mientras corremos. Nada más lejos de la realidad, si por ejemplo llevamos lastres  para correr o andar estaremos sobrecargando músculos como los trapecios e impediremos el movimiento natural de los brazos.

      No sólo se pueden crear lesiones en articulaciones como el tobillo o muñeca, el sobrepeso puede hacer que la columna vertebral oscile a izquierda y derecha para compensar ese pequeño peso extra y a la larga aparezcan dolores a nivel de ésta. Debido a esto, los lastres no son aptos para ejercicios como la carrera, la natación o el remo,  ya que consiguen el efecto contrario, sobreestresar la zona y poder lesionar articulaciones o músculos implicados.

      También hay que tener cuidado cuando se emplean en ejercicios de "sombra" (Tandoku-renshu). En general realizar los movimientos al aire puede resultar perjudicial si se realizan con potencia. Los brazos y las piernas, al no encontrar resistencia alguna en su camino, deben frenar bruscamente el movimiento, y esto provoca que gran parte de la energía transmitida repercuta en las articulaciones implicadas. Esto, a largo plazo, puede causar daños articulares y ligamentosos. Por eso, lo más recomendable es realizar los movimientos de forma más suave y circular, lo que evita tirones y latigazos. 

      Los lastres no sirven únicamente para fortalecer y muscular, sino también para mejorar la velocidad. De hecho, el entrenamiento consiste en acostumbrar a los músculos a mover más peso del habitual. Al principio se debe ir más lento hasta que los músculos se acostumbren al nuevo peso. Posteriormente, cuando se retiran los lastres, se siente una ligereza asombrosa en los brazos y las piernas. Con este entrenamiento se logran avances muy notables en cuanto a velocidad.

     Existen muchos y variados tipos de lastres en el mercado, aunque es aconsejable que para empezar a usarlos se opte por unos de poco peso, para poco a poco ir aumentando la carga y que el cuerpo se acostumbre al peso extra que le colocamos.

     

    sábado, 26 de abril de 2014

    SHIN - Sin espacio para entrenar

      El Sensei de un pequeño Dojo de Judo puso a todos sus estudiantes juntos en el Tatami para que practicaran Randori. Los estudiantes se desplazaron alrededor esquivando a los compañeros con frecuencia. Sin embargo, algunos no pudieron evitar chocar entre ellos o rebotar en las paredes, por lo que murmuraron: “Este sitio es demasiado pequeño. Necesitamos un lugar más grande donde entrenar”.

      Tras escuchar su queja y al día siguiente, el Sensei puso grandes pelotas de entrenamiento en los bordes del Tatami. Otro estudiante corrió y saltó a varios de sus compañeros haciendo la voltereta de Judo. “Necesito tomar más impulso, pues es muy difícil saltar y caer así”.

      Al día siguiente, el Sensei puso dos grandes colchonetas de caídas en el Tatami. “Aquí hace mucho calor con toda esta gente. Nos encontramos demasiado cerca y necesitamos más espacio”, se quejó otro estudiante. Después del fin de semana los estudiantes regresaron al Dojo y descubrieron con sorpresa que había una nevera llena de botellas de agua mineral y zumos. Aunque tuvieron que abrir la puerta cuando alguien pasaba cerca, la mayoría de estudiantes lograron tomar sus bebidas frías. Un nuevo estudiante se quejó diciendo: “¡Cada vez que trato de beber, alguien me golpea con el codo y ni siquiera hay sitio para sentarse!”.
     
     Durante los días siguientes el Dojo se llenó de sillas y más sillas, algunas de ellas plegadas contra la pared y otras tantas con cómodos almohadones para poder sentarse. Ahora sí, cada uno de los estudiantes pudo sentarse, pero tan sólo lograron observar cómo ocasionalmente unos pocos entrenaban Randori. Mientras tanto, un antiguo alumno dijo: “Deseo más lugar para practicar Kata”. 

      Al día siguiente, el Sensei pidió a todos los estudiantes que recogiesen las pelotas, las colchonetas, la nevera y las sillas y lo llevaran todo fuera del Dojo, dejando todo en orden en el pasillo. De repente, el Dojo resultó estar vacío y lleno de posibilidades. “¡Ahora sí que hay mucho lugar aquí!, dijeron felizmente los estudiantes. “Nunca me había dado cuenta de este gran espacio para poder entrenar que por suerte nos ha dado el Sensei. Sin duda aquí podremos practicar cómodamente”. 

      El Sensei simplemente observó y tranquilamente bebió un trago de Zumo. 


    lunes, 14 de abril de 2014

    GI - Jigoku-jime (地獄絞): estrangulación infernal


     Jigoku-jime 
    significa estrangulación "infernal". El nombre viene de la sensación de incomodidad extrema padecida por Uke durante la técnica. Esta técnica no está presente en la actual clasificación de técnicas de control del Kodokan debido a que se entiende que se trata de una variante del Okuri-eri-jime.  

      Fácil de realizar, sin embargo, requiere de una atención especial en el uso de la pierna alrededor del cuello de Uke en alguna de sus variantes. Su función es la de apoyar y empujar contra el cuello de Uke para facilitar la técnica. Hay que tener cuidado de no empujar la cabeza en exceso o de forma brusca, de lo contrario se corre el riesgo de lastimar gravemente las vértebras cervicales de Uke. Debido a los peligros inherentes, se recomienda ejecutarla con precaución y tan sólo por Judokas experimentados.


    viernes, 28 de marzo de 2014

    SHIN - Mokuso (黙想)

     La meditación (considerada como la actividad pasiva perfecta para la salud y como antídoto recomendable para el estrés) siempre ha estado vinculada a la práctica marcial, tanto en Japón como en China, como medio intrínseco y necesario para alcanzar la maestría. La meditación es para la práctica mental lo mismo que la parte física para el cuerpo, a pesar de que algunos practicantes la desestimen por considerarla inútil para la lucha.

     La meditación en las artes marciales japonesas tiene una clara influencia del budismo zen, pero no una connotación religiosa.

    Introducción

     Como hemos visto en los artículos del Reishiki, la sociedad japonesa adora los rituales y un arte marcial requiere comprensión (y práctica reiterada) para progresar y evitar convertirnos en robots, repitiendo un gesto sin tener conocimiento sobre lo que estamos haciendo.

     Mokuso está estrechamente ligado al concepto de Mushin, siendo necesario para la práctica de este último.

     Cada practicante realiza Mokuso de una forma y con objetivos distintos. Relajación, preparación para o liberación de son algunos conceptos que se vinculan al Mokuso. Puede ser cualquiera de ellos, en función del momento en el que estemos, pero siempre en un intento de búsqueda del Mushin.

     El acondicionamiento físico es más fácil, por lo que se obtienen resultados positivos primero. Pero un estado mental adecuado maximizará el rendimiento físico, eliminando pensamientos no adecuados, fundamental en situación de combate, donde no hay que pensar, sino actuar.

    Significado de Mokuso

    El término Mokuso (黙 想) está compuesto por los caracteres:

        黙 Moku: no decir nada, mantener en silencio
        想 So: Pensamiento, idea, imaginación, consideración, concebir, imagen

      Podríamos, por lo tanto, traducirlo como “el acto de silenciar nuestros pensamientos” o “pensar en la nada” o adaptar el famoso empty your mind.

    Objetivos

     Al inicio: eliminar todos aquellos pensamientos y preocupaciones que nos puedan perturbar o distraer y prepararnos para absorber las enseñanzas y centrarnos en la práctica.

     Al final: relajarnos, dejar fluir los pensamientos y analizar lo estudiado, puesto que liberar la mente después del estudio mejora el aprendizaje.

    ¿Cómo realizamos Mokuso?

     Normalmente se realizará en silencio, para evitar distracciones. En la mayoría de los Dojos está basado en una combinación de la postura corporal, la respiración y la concentración mental, siendo sus características más generales las siguientes:

    Posición

     En un Dojo de Artes Marciales (normalmente) nos sentaremos adoptando la posición de Seiza. Es posible hacer Mokuso en otras posiciones de sentado (Agura o Fuza), al igual que sentado en una silla, de pie o tumbado (Ouchaku Zazen). No obstante, la habitual en las artes marciales es Seiza, quizá influenciado por la importancia que recibe en el Reishiki.

     Debemos relajar los hombros, dejando caer los brazos naturalmente, con la espalda erguida y sin inclinar la cabeza. El rostro también debe estar relajado.

     En cuanto a las manos, como siempre, hay una gran variedad de opciones. Quizá la más extendida sea la adoptada del Budismo Zen, que es colocar la mano izquierda sobre la derecha (palmas hacia arriba), tocando ligeramente la parte inferior del abdomen, con los dedos juntos, pero sin presiones, y los pulgares tocándose las puntas formando un ovalo con las palmas y enfrente del Dantien. En algunas escuelas las mujeres colocan las manos al revés, esto es, la derecha sobre la izquierda.

     Hay quién a cada mano le da una interpretación: la izquierda representa la calma, el espíritu, mientras que la derecha representa la acción, lo material, el ego, y ambas unidas por los pulgares, aunque existen muchas otras interpretaciones y posiciones (una mano encima o la otra, si se forma un óvalo con los pulgares, si los índices están doblados…). También hay quien deja las manos posadas sobre los muslos.

     Se debe colocar la punta de la lengua en el paladar, suavemente posada sobre la cara interna de los incisivos, disminuyendo la producción de saliva y conectando el Vaso de la Concepción y el Vaso Gobernador según la MTC (Medicina Tradicional China).

     Habitualmente se cierran los ojos, evitando los posibles estímulos y distracciones circundantes. Si bien esto ayuda a la realización de Mokuso (sobre todo a los occidentales y a los principiantes) no es necesario cerrar los ojos para ello, basta con entornar los parpados, en lo que se conoce como los Ojos de Buda (medio cerrados pero viéndolo todo).

    Respiración

      La respiración es para muchos el aspecto más importante en la práctica del Mokuso. Un control de la respiración reduce el ritmo cardíaco y el estrés, relajándonos física y mentalmente. No es necesario mantener ningún ritmo ni tipo de respiración (no se debe forzar, solamente hacerla relajado).

      Lo habitual es inhalar lentamente por la nariz (usando el diafragma) expandiendo el vientre, sin tensiones musculares, hasta que percibamos que no podemos inspirar más. Aquí deberíamos aguantar el aire un instante, momento en el cual empieza la exhalación (por nariz o boca), suavemente, contrayendo el vientre hasta sentir que necesitamos inspirar otra vez. Debemos empujar el aire por el espacio formado entre la lengua y el paladar.

      Una situación de miedo o estrés nos provoca un desajuste respiratorio, con la consiguiente sensación de bloqueo óseo-muscular o temblores. Una respiración adecuada (fruto de un entrenamiento diligente) evitaría estos síntomas.


    Mente

      La mente debe de estar libre de pensamientos que nos distraigan, pero completamente alerta y despierta, en un estado calmado, imperturbable, algo fácil de decir pero no de hacer.

      Adoptar una postura facilitadora (en nuestro caso Seiza) y centrarnos en la respiración reduce la cantidad de pensamientos y ayuda a alcanzar el estado adecuado. La inmovilidad del cuerpo ayudará a retener la mente. Hay una parábola budista sobre esto: los seis animales y el pilar. En ella los animales están sujetos firmemente a un pilar. Uno de los animales, el mono (que representa a la mente) está tratando de huir, pero el pilar (cuerpo) se lo imposibilita.

      Contar números (viendo todo el proceso de trazado de los mismos) puede facilitar la concentración, pero sin primar la cuenta sobre la acción de contar. Si perdemos la cuenta empezaremos nuevamente. Lo primordial es la respiración.

    Conclusiones

     Parece claro que no es necesario ser un experto practicante de artes marciales para meditar ni adoptar una postura o acción concreta. Sencillamente debemos dejar a un lado cualquier pensamiento que nos aparte de la acción que vamos a emprender, puesto que una mente calmada y controlada, como resultado de la práctica correcta y prolongada, tiene efectos beneficiosos (reducción de estrés, descenso del consumo de oxígeno, la presión sanguínea y el pulso…).

     Vemos que el Mokuso es un entrenamiento mental que nos enseña a alejar los problemas y preocupaciones personales fuera del Dojo. A muchos les llegará conocer el aspecto externo para cubrir sus necesidades, pero no a un verdadero budoka. Debe ser una práctica individual y continuada, siempre buscando un conocimiento más profundo del arte, y quizá convertirlo en una parte indispensable de nuestro día a día.

     Podemos afirmar que el Mokuso nos enseña a optimizar nuestro “interruptor mental” necesario para la práctica (o situación real).

     Ahora bien, la acción de prepararse para la práctica ya debería ir vinculada al hecho de ponerse el keikogi, o al recorrido que hacemos desde casa (o trabajo) hasta el Dojo, en donde ya estaríamos (o deberíamos estar) adoptando la actitud mental “adecuada”. Es responsabilidad del estudiante el estar preparado cuando empieza la práctica, no el prepararse “en” la práctica.

     El prepararnos para iniciar la práctica es importante, pero ni más ni menos que prepararnos para finalizarla. El dojo y el arte son una parte (importante) de nuestra vida, pero no toda nuestra vida. Hay más cosas fuera (familia, amigos, trabajo…) de las que suceden entre las cuatro paredes del dojo.

      Una persona tiene diferentes actitudes, preocupaciones y estados emocionales a lo largo del día, siendo de suma importancia encontrar un equilibrio. Mokuso nos ayuda a encontrar este equilibrio, a controlar el “interruptor”, en definitiva, a un mejor desarrollo personal.

    Fuente: http://kohaido.blogspot.com.es/