jueves, 30 de enero de 2014

TAI - La respiración en Judo

  El oxígeno es el combustible de nuestro cuerpo, cuando éste se consume libera la energía que anima y calienta los músculos y otros órganos. Controlar la respiración resulta pues fundamental para controlar el cuerpo, e incluso la mente. Se trata de una parte muy importante del deporte, y por ello es necesario que la cuidemos al máximo para así conseguir los mejores resultados.

  La respiración es uno de los elementos deportivos que menos cuidamos. Solemos olvidarnos de ella, como si fuera algo tan natural que ni se pudiera controlar ni importase demasiado. Pero Oriente lleva milenios investigando la respiración, por lo que las escuelas más tradicionales se preocupan por cultivar con especial cuidado el arte de respirar. Sea cual sea nuestra orientación (competitiva, defensiva, espiritual o por cuestiones de salud), unos pocos conceptos y consejos sobre respiración pueden aportarnos numerosos beneficios.

  La relación entre la respiración y nuestro estado mental o psicológico se hace evidente sobre todo en la competición (Shiai), pero también en situaciones de defensa personal. El nerviosismo, el miedo o la inseguridad tienden a acelerar (por medio de descargas de adrenalina) nuestro ritmo cardíaco, y con él nuestra respiración. Ésta se hace corta o entrecortada, brusca e irregular, síntoma que se está a punto de perder el control mental. Si no se pone remedio, lo que sigue puede ser un creciente bloqueo, que dificulta los movimientos y respuestas, o bien al contrario, reacciones excesivas, descontroladas, “ciegas”. 

  El mejor método para mitigar las descargas de adrenalina y ralentizar el corazón, reduciendo así la tensión consecuente, consiste en controlar la respiración. Se han de realizar técnicas de respiración profunda, cuyo efecto casi inmediato es el de aportar tranquilidad y despejar la mente. Este tipo de respiración estimula la emisión de una hormona llamada endorfina, que tiene un efecto analgésico.

  Esta respiración abdominal es de hecho la base respiratoria de la mayor parte de las Artes Marciales orientales, así como de otras prácticas psico-físicas (Yoga, Qi-gong, Zen), que contienen ejercicios para desarrollarla. Como cualquier otra cualidad, ésta debe entrenarse cotidianamente hasta que logremos naturalizarla.

  Pero la respiración abdominal no sólo es recomendable por su capacidad de calmar y despejar la mente, sino también por sus efectos físicos. Por un lado, practicada después de un intenso esfuerzo, permite controlar los típicos jadeos, mejorando y acelerando notablemente la recuperación física. Pero, sobre todo, sincronizando esta técnica respiratoria con nuestros movimientos de Judo ganaremos en fluidez, ligereza y fortaleza. Para ello basta con seguir el principio según el cual la inspiración ha de corresponder con los instantes de pausa, descanso, defensa o retirada, y la espiración con los de esfuerzo o ataque. 

  Acompasar armoniosamente y de forma sostenida y natural, la respiración abdominal con nuestras técnicas de Judo requiere normalmente años de práctica. Para hacernos una idea, según algunos maestros orientales, la respiración correcta tan sólo se logra a partir del cinturón negro, 2 º o 3 º DAN. Dominar la respiración es un camino sin atajos, pero de innumerables beneficios tanto mentales como físicos.

  La técnica de respiración abdominal consiste en inspirar aire por la nariz hinchando el abdomen, permitiendo que éste se llene de energía. Al final de la inspiración cuando el vientre está visiblemente hinchado, se retiene el aire durante unos instantes. Esta pausa favorece la absorción del oxígeno y la generación de energía. A los pocos segundos se espira el aire muy lentamente. El aire se va expulsando por la boca hasta lograr una contracción casi total del vientre. Así se libera toda la energía negativa. Se trata de una respiración lenta profunda y regular. Inspiración y espiración han de durar aproximadamente lo mismo.

  La postura corporal es importante. La parte superior del cuerpo (del ombligo para arriba) debe estar lo más relajada posible, pues la tensión bloquea la fluidez. El cuello estirado, la espalda siempre recta, el pecho ligeramente hundido y las caderas ligeramente proyectadas hacia delante. En los desplazamientos, hay que moverse como dejándose llevar un poco por las caderas. Todas estas recomendaciones facilitan la respiración abdominal, y por lo tanto la fluidez que agiliza y vigoriza nuestros movimientos. 

  Anteriormente hemos dicho que la inspiración correspondía a los momentos de pausa y la espiración a momentos de ataque, y existe una interesante aplicación de dicha relación. El momento más débil de nuestro adversario será siempre justo al final de su inspiración, y el más fuerte al final de su espiración. Si somos capaces de percibir su ritmo respiratorio, sabremos en qué preciso momento es física y mentalmente más vulnerable a un ataque. Puede bastar entonces un pequeño ataque para derrotarlo.

  Históricamente, el pensamiento occidental ha tendido a dividir cuerpo y mente como entidades separadas o escasamente conectadas. Mucho antes, Oriente descubrió la conexión entre ambas, la respiración, concluyendo que no existe tal separación, sino que cuerpo y mente forman un todo. La respiración es pues el puente entre el cuerpo y la mente, así que, en el fondo, respirar inconscientemente fomenta la inconsciencia de nuestros actos. Controlando la respiración, facilitaremos que nuestra mente (voluntad, intención, seguridad) controle mejor el cuerpo, y permitiremos al cuerpo influir en la mente (relajación, sensibilidad, intuición).




No hay comentarios:

Publicar un comentario