sábado, 19 de noviembre de 2016

SHIN - Lo que realmente importa

  Un artesano de Edo se ganaba la vida grabando en su tienda los objetos que le llevaban. Con más de cuarenta años, conservaba un cuerpo fuerte y poderoso que le daba una apariencia temible.

Un hombre, que no parecía tener más de treinta años, entró un día en su tienda para encargarle un grabado.  El hombre era grande, de aspecto gallardo, pero eran sobre todo sus ojos los que atraían la atención.  Sin embargo, su mirada fascinante como la del águila expresaba ese día una profunda tristeza. El artesano no tardó en preguntarle:

- Perdone mi curiosidad señor, pero ¿no es usted Matsunaga, el célebre profesor de Ju-jutsu?

- Sí, en efecto, ¿por qué?

- Estaba seguro de ello, exclamó el grabador, mire, hace mucho tiempo que espero poder tomar lecciones de Ju-jutsu con usted.

- Imposible, ya no enseño.  Ni siquiera quiero oír hablar de Ju-jutsu -tal fue la pasmosa respuesta de Matsunaga.

- No comprendo.  Usted es sin embargo el instructor de artes marciales del jefe del clan.

- Lo era.  Precisamente el jefe del clan es el que me ha quitado las ganas de enseñar.

- Pero usted es uno de los mejores profesores del país.  No comprendo.

- Sin embargo es simple.  El jefe del clan tiene enormes defectos en su práctica.  Su vanidad le impide reconocerlos y su negligencia corregirlos.  Yo no sabía que hacer con él.  La última vez le pedí que me atacara con el fin de corregir sus defectos.  Me atacó, lo cual no habría hecho un principiante, con un salto y una patada.  Le cogí en pleno vuelo y cayó rodando al suelo, casi desmayado.  Así es como he perdido mi empleo.

- Ya me doy cuenta... Pero no se preocupe, seguramente volverá a tomarle a su servicio.  Difícilmente podrá encontrar un instructor mejor que usted.

- No creo que quiera perdonarme. De todas maneras, he decidido no enseñar más.

- Eso es estúpido. Usted debería saber que hay altos y bajos en la vida. Además tengo la firme intención de tomar lecciones con usted.

- No cuente conmigo -cortó secamente Matsunaga-, y además, un experto como usted no necesita recibir lecciones.

Efectivamente, el grabador era también un experto de gran renombre.

- ¿Y usted que sabe? -insistió el grabador-.  Tiene quizá mucho que enseñarme.

- ¡Empieza usted a irritarme seriamente! -exclamó Matsunaga.

- ¡Bueno, ya que no acepta el darme lecciones, al menos me acordará usted un combate!

- ¿Cómo? ¿Se encuentra usted bien?

- ¡No me diga que tiene miedo... ! ¡Tenga por seguro que no será tan fácil hacerme morder el polvo como al jefe del clan!

- Parece ser que usted es muy fuerte, pero ¿no cree que está jugando un juego peligroso? ¿Ha pensado en los riesgos de un combate que se desarrolla entre la vida y la muerte? ¡Conoce sin duda el viejo proverbio que dice que cuando dos tigres combaten, uno saldrá herido, el otro muerto!

- Acepto el riesgo ¿y usted?

- Cuando usted quiera -respondió Matsunaga.

A la mañana siguiente, a las primeras luces del alba, los dos hombres se enfrentaron cara a cara en un campo aislado.

     El grabador se puso en guardia, de tal manera que no ofreció ninguna abertura.  Por el contrario, Matsunaga tomó una posición natural (shizen tai), con los brazos colgando a lo largo del cuerpo. ¿Se había vuelto loco? ¿Por qué se mantenía en una postura tan vulnerable?  La pregunta no esperó la respuesta . El artesano se preparó para pasar rápidamente al ataque.

   Lentamente, con precaución, avanzó hacia su adversario que no movió un dedo.  De pronto, en el mismo momento en el que iba a saltar, el grabador cayó hacia atrás, como empujado por una fuerza terrible.

       Matsunaga no había esbozado ni un solo gesto. Aún estaba ahí, con los brazos colgando. Sobre la frente del grabador surgieron gotas de sudor cuando levantó su cabeza que se había vuelto lívida e intentó ponerse de pie. ¿Qué le había sucedido? Le parecía haber sido derribado por la mirada insostenible que le había lanzado Matsunaga, mirada que lo había alcanzado hasta lo más profundo de sus entrañas. ¿Era posible?  El pobre artesano no salía de su asombro.  Pero no podía abandonar el combate, su honor esta en juego. Volvió a ponerse en guardia y avanzó. Apenas había dado algunos pasos se detuvo, incapaz de ir más lejos.  Fascinado por la mirada de Matsunaga se encontraba como preso en una trampa, como vaciado de su espíritu de lucha.

   No podía quitar los ojos de su adversario.  Intentando romper esta fascinación, el grabador lanzó un grito, un kiai con lo que le quedaba de energía... Sin efecto.  Los ojos de Matsunaga ni siquiera pestañearon. El artesano, desesperado, bajó su guardia y comenzó a retroceder.

- Ya es hora de que pase al ataque de otra manera que gritando -le dijo Matsunaga sonriendo.

- Es increíble. Esto me supera totalmente.  Yo que nunca he perdido un solo combate... ¡Pero que más da! Alguna vez tendría que ser. Más vale morir antes de perder el honor -murmuró el grabador antes de lanzarse a su ataque suicida.

Pero ni siquiera tuvo tiempo de ejecutar su movimiento.  Su impulso fue detenido en seco por un kiai de Matsunaga, un grito fantástico surgido de las profundidades del ser, de otro mundo.

  Gimiendo en el suelo, como paralizado, el artesano balbuceó varias veces las mismas palabras antes de que se le pudiera comprender:

-¡Abandono... me rindo... ! - Después giró penosamente la cabeza hacia su vencedor y declaró con lástima: - ¡Qué insensato he sido al provocarle!  Mi nivel es ridículo al lado del suyo.

- No lo creo -respondió Matsunaga-, estoy seguro de que usted tiene un excelente nivel. Creo que en otras condiciones yo habría sido vencido.

- No intente consolarme. He perdido todas mis fuerzas nada más que sintiendo como su mirada me traspasaba.

- Es posible -explicó Matsunaga-, pero creo que la razón es la siguiente: usted estaba decidido a ganar. Yo estaba totalmente determinado a morir si perdía. Esa es toda la diferencia entre nosotros.  Ayer, cuando entré en su tienda, estaba completamente absorto por mi melancolía, por mis disgustos con el jefe del clan.  Estas inquietudes desaparecieron cuando usted me provocó.  Me di cuenta de que no eran más que pequeños detalles sin importancia real.  Su desafío me ha vuelto a poner de cara a lo que realmente importa.



lunes, 7 de noviembre de 2016

GI - Judo olvidado: Ganseki-otoshi (caída de la roca)

  Ganseki-otoshi es el nombre de una técnica que pertenece al koryu jujutsu. Kyuzo mifune 10º dan explica esta técnica en su libro 'El Canon del Judo' (publicado por Kodansha International, 2004). Los puntos principales de la técnica son los siguientes.

  Tori y Uke se agarran los dos en pie. Tori estrangula a Uke con gyaku-juji-jime agarrando la parte superior de la solapa derecha del oponente de forma inversa con la mano derecha y la parte superior de su solapa izquierda con la mano izquierda también de forma inversa. Ataca sin cesar en esta postura con tal de estrangularle, y de forma instintiva él colocará su mano derecha en la parte inferior de tu codo izquierdo y su mano izquierda en la parte superior de tu codo derecho para poder evitar tu estrangulamiento. 

  En ese momento, tu cabeza debe pasar rápidamente por entre sus brazos y debes dejar de cruzar los tuyos. Baja tu cuerpo y avanza girándote a la izquierda, de forma que tu espalda toque el pecho de tu contrincante y tu zona lumbar toque la parte inferior de su abdomen. Levanta y estira la cintura para proyectar a tu oponente tirando de él. También puedes proyectar con la rodilla derecha en el tatami.

  Otro método efectivo es proyectar a tu oponente por encima del hombro, acercándole mucho la cintura como en koshiguruma mientras le estrangulas en lugar de pasar la cabeza entre sus brazos.

PUNTOS IMPORTANTES

· No hagas demasiada fuerza con la manos. Si lo haces, el oponente forcejeará para que le sueltes con tal de defenderse. Así que procura hacerlo sin fuerza.

· Cuando dejes de cruzar las manos, existe el peligro de que tu oponente ejecute Sasae-tsurikomi-ashi, así que es importante tomar la iniciativa con rapidez.

· Cuando tengas las manos cruzadas, si la izquierda está por encima de la derecha, deberás ejecutar la técnica girándote hacia la izquierda. Si está por debajo, deberás girarte hacia la derecha.